Este libro no está disponible para la venta online. Hacé clic en "Consultar", completá el formulario y te responderemos sobre su disponibilidad

CONSULTAR

Este libro no está disponible para la venta online. Hacé clic en "Consultar", completá el formulario y te responderemos sobre su disponibilidad

SINOPSIS

El gran sentido del humor y la naturalidad de Juan Pablo II le permitían responder de forma espontánea a las preguntas más curiosas e impensables que se le hacían. Así conquistaba a todos, niños, jóvenes o ancianos, fueran o no creyentes. Cuando era posible iba los domingos a una parroquia de su diócesis donde concelebraba la misa con el párroco y luego se quedaba a charlar. Hablaba con los jóvenes, con los matrimonios y con los niños. También se interesaba por las actividades culturales y deportivas de la parroquia. Durante una visita al barrio de Quarticciolo fue al centro social, una especie de club para las personas mayores, donde se jugaba a la petanca, un juego prácticamente desconocido en Polonia. Aquel domingo Juan Pablo II fue acogido con entusiasmo por los campeones del barrio, que quisieron lucirse con una demostración de sus habilidades. El Papa escuchó las explicaciones sobre el juego y mantuvo una conversación divertida con ellos. El ambiente fue tan distendido y familiar que uno se atrevió a invitar al Papa a que probara con una de las bolas. Juan Pablo II lanzó con fuerza y, claro está, no se lució. A pesar de que la bola se quedó muy alejada del objetivo, todos los presentes aplaudieron y gritaron «¡Buena jugada, Santidad! Bravissimo!». El Santo Padre los miró y les advirtió sonriendo: «Deseo que jueguen mejor que el Papa, pero también espero que recen tanto como reza el Papa.»

FICHA TÉCNICA